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Una nueva educación para una nueva época

El cuarto día de las XII Jornadas de Teología que se están celebrando bajo el lema: “La educación, ¿un bien común a repensar?”, comenzaba con la primera ponencia presentada por Pedro Armas, secretario del Istic, que destacaba la tarde de hoy como un salto de calidad, pues veremos la educación desde la luz que nos aporta la Palabra de Dios. Daba paso así a Luis María Guerra Suárez, Dr. en teología bíblica y profesor del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, que inauguraba la tarde con la ponencia: “La educación en la Sagrada Escritura”, dividida en cuatro bloques: Educar, enseñar, aprender; Dios, único maestro en Israel; la enseñanza de Jesús y de los apóstoles; y Jesús educador y maestro.
En el pensamiento griego el conocimiento es un proceso intelectual, a través del cual el hombre, después de haber entrado en contacto con la realidad externa, se la apropia y la representa a través de ideas y de conceptos, pero sin quitarle su carácter objetivo.
La presencia de estructuras escolares está atestiguada en Israel desde los tiempos más remotos; a ellas se refieren algunos textos bíblicos, a los que se ha añadido recientemente el descubrimiento de algunos restos arqueológicos. Pero se sabe muy poco de los métodos que usaban en la enseñanza, indicaba Guerra. La enseñanza en el mundo bíblico, decía Luis María, no tiende tanto a la formación intelectual del joven, sino a una formación integral de la persona insistiendo más en la voluntad que en la inteligencia. A partir de la Alianza (fruto de una iniciativa libre de Dios), comienza la relación permanente que Yahvé establece con Israel; las relaciones entre Dios y su pueblo se han descrito a menudo con terminología del conocimiento y de la enseñanza. En conclusión, indica Luis María, es importante subrayar el aspecto personal dinámico de la enseñanza divina: Dios enseña, educa, no comunicando nociones, sino dándose a conocer mediante sus obras. Dios educa a su pueblo presentándose como un modelo a imitar.
¿Qué medios utilizaba Dios para instruir a su pueblo?, preguntaba Luis María Guerra. Utilizaba intermediarios. En primer lugar, a Moisés, en calidad de guía y mediador de la Alianza. La enseñanza dada por Dios a través de Moisés, se transmitía de padres a hijos. Además, se les reservaba una tarea específica a los sacerdotes: Eran los depositarios del conocimiento del Señor y de ese conocimiento sacaban su enseñanza, llamada igualmente Torah. También los profetas desarrollarán esa labor de instrucción, pero a diferencia de los sacerdotes, que se inspiraban en la enseñanzas recibidas, lo profetas eran los portadores de Dios, que les indicaba en cada ocasión lo que tenían que comunicar al pueblo. Y por último, los sabios, que eran escribas y llevaban a cabo la recopilación de las antiguas tradiciones de Israel. El escriba desempeñaba la función principal de intermediario de la enseñanza divina.
La enseñanza dada por Dios directamente o por medio de los intermediarios antes mencionados,  tenían la finalidad de suscitar por parte del pueblo una respuesta de fe., que a menudo se describe como un acto de conocimiento.
La enseñanza de Yahvé consiste en una transformación en el corazón de las personas, afirmaba Guerra.
Luis María Guerra apuntaba a continuación, a la enseñanza de Jesús y de los apóstoles.
Aunque no parece que Jesús fuera a las escuelas rabínicas, todos se dirigen a Jesús como Maestro. Fue llamado rabí por sus discípulos y por otras personas. Enseñaba con gran autoridad y no como los maestros de la Ley, cosa que causaba fascinación.
Jesús se distinguía de los escribas, porque escogía él mismo a sus discípulos entre personas adultas, pidiéndoles que lo dejaran todo, para ir por el mundo predicando.
El desplazamiento del profesor actual, poco tiene que ver con el de Jesús a lo largo de su vida pública, apuntaba Luis María; “Camino de Jerusalén, iba recorriendo pueblos y aldeas, enseñando” (Mc 1,14 y par). Vendría una conducta similar en la vida de los discípulos de Jesús durante los años siguientes a la resurrección.  
El auditorio de Jesús en la enseñanza no eran solo los privilegiados. Dirigía su enseñanza a todo aquel que quisiera escucharlo, en primer lugar, a la muchedumbre. Jesús hablaba también a los jefes del pueblo y de vez en cuando  instruía aparte a sus seguidores más cercanos.  Se complacía además, en incluir a las mujeres como destinatarias en su enseñanza, una novedad importante, pues hasta ese momento, aclaraba el ponente, solo los hombres podían recibir las enseñanzas. La mujer era parte frecuente de su auditorio.
Los primeros maestros de Jesús, como ocurre en la educación de nuestros días, fueron sus padres. Luego la escuela, donde por la escasez de documentos escritos en esa época, era normal que los métodos de enseñanza oral siguieran distintos métodos de aprendizaje memorístico. La relación entre el alumno y el maestro era, además, íntima, muy semejante a la relación entre padre e hijo. Y a medida que iba madurando, Jesús se iba enriqueciendo con otros elementos externos: el mundo de la naturaleza, el mundo del trabajo, el mundo social… y como no, la sabiduría que viene de lo alto.
Jesús fue un gran maestro profético. Lleno del Espíritu de Dios, y proclamando la Palabra de Dios con pasión y autoridad, compartió la visión y previsión de los profetas como intérpretes en tiempos de crisis, su compromiso con la justicia en favor del oprimido y su valor para enfrentarse a los poderosos.  Jesús fue maestro de un estilo de vida, concluía Guerra, con lo que aunque no todos reaccionaban de manera positiva a sus enseñanzas, “muchos quedaban atónitos de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus maestros de la ley” (Mt 7, 28-29).
La tarde continuaba con la exposición de varias comunicaciones, que ayudaban a seguir descubriendo nuevos elementos que rodean al mundo de la educación.
Por último, como cierre del cuarto día de estas Jornadas, tomaba la palabra Cristóbal Déniz, director del Istic, que presentaba a nuestro último ponente como un hombre con una gran inquietud por la educación y una especial sensibilidad hacia los grandes signos de los tiempos: Mons. Raúl Berzosa Martínez, Obispo de Ciudad Rodrigo.
Estamos en un cambio de época donde está en juego el modelo de hombre y mujer, “la antropología”, comenzaba Berzosa, para desarrollar su ponencia sobre la “Educación integral e Iglesia: retos sociales y nuevas respuestas”.  
Hay siete modelos de antropología sobre el tapete cultural, indicaba.
¿Por qué está en crisis la antropología?, preguntaba Berzosa: Porque estamos en una nueva sociedad que algunos denominan tecno-líquida y gaseosa, de la ligereza y psico-política.
Y como decía Ortega y Gasset, que “yo soy yo y mis circunstancias”, los educadores del siglo XXI tienen que hacer posible una educación integral. Es lo que el Papa Benedicto XVI llamaba emergencia educativa.
La tarde del viernes, último día de las Jornadas, se desarrollará en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias  con las siguientes intervenciones:
A las 17:00 horas: Ponencia: “Desafíos éticos de la educación hoy”. Dr. Daniel Barreto González, profesor del Istic Sede Gran Canaria.
A las 18:30 horas. Conferencia de clausura: “Aportes de la fe cristiana para la educación en la sociedad actual”. Dr. Javier María Prades López, Rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Crónica de La Provincia






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